sábado, 21 de abril de 2012

~Capítulo catorce.

Un tramo de luz iluminaba una parte de la habitación. Miré el suelo y solo encontré las sábanas y almohadas que había utilizado Charlie para dormir. Corrí la sábana que cubría mi cuerpo y puse los pies en el suelo. Bostecé. Era muy pronto, al rededor de las seis y media de la mañana pude distinguir en el reloj. La luz que me había despertado venía del cuarto de baño. El ruido que producía el agua al correr por el lavabo llevaba a mi imaginación a Charlie bajo el agua. Aún estaba demasiado dormida.
Me desplacé al baño sin hacer ruido. No levanté los pies del suelo, me deslizaba al caminar. Abrí más la puerta y vi como tenía la cabeza bajo el chorro del agua. Sonreí inconscientemente y me acerqué a su cintura.
—Buenos días Charlie.—Murmuré mientras rodeaba su torso con mis manos.
Elevó la cabeza y también me sonrió.
—Buenos días..—murmuró como yo.—Pero, ¿tú quién eres?
Al oír esas palabras abrí los ojos y observé el reflejo del chico al que estaba abrazando. No era Charlie. Dejé de acariciar su piel con mis yemas y me choqué contra la pared.
—Eso lo tendría que decir yo—añadí con una sonrisa bastante forzada.
Se dio la vuelta y alzó su mano con señal de presentación.
—Soy Ralph—sonrió—. Ralph Cuddy, encantado.
Quise alzar mi también mi mano, pero el asombro aún me tenía absorbida. La alcé apenas unos centímetros y su mirada fue hacia mis muñecas que aún presentaban manchas de sangre.
—Yo Alice—decidí sonreír y oculté mis manos tras mi espalda.—Y bueno.. ¿que haces aquí?
—Lavarme la cara—señaló con uno de sus dedos su rostro y sonrió chistoso.
Asentí a su respuesta como una estúpida.
—Pensaba qué..—me interrumpió.
—Que era Charlie, sí me lo imaginaba. Debería habértelo dicho, pero hace mucho que no me abrazaban así.—No supe como plantearme su respuesta y seguí indecisa.—Y al decir su nombre.. —sonrió—las cosas no encajaron.
Bostecé a sus palabras y le regalé una leve sonrisa.
—Lo siento—me disculpé por hacer algo, ya que no sabía como actuar.—No era mi intención molestarte.
—No eres molestia.—Después de hablar se subió al borde del lavabo y me miró curioso.—Pensaba que la persona que estaba acostada era Charlie, por eso entré sin llamar.
—¿Tienes la llave?
—Sí, en mi habitación no hay agua caliente.
—Entiendo..—respondí de inmediato a sus palabras.
—¿Eres su novia o algo?
Oprimí alguna carcajada y me estiré la sudadera que llevaba puesta. Me daba la sensación de que se me veía la ropa interior y no sería lo mejor para una presentación.
—No, no soy su novia.—Dije cabizbaja, me dolía aún no poder decir que lo era para él.
Se aclaró la voz y sonrió.
—¿Y estás soltera?—dijo mientras frotaba sus nudillos en su pijama.
Arrugué en rostro y sonreí sin más. Miré para otro lado, él me miraba a los ojos y no quería mantener esa conversación con alguien que acaba de conocer y que por confusión había abrazado.
—¿Sabes dónde esta él?—Intenté deslizar ese tema y él lo aparto.
—No la verdad—acompañó con un movimiento leve de cabeza.
Tenía ganas de verle. De haberle abrazado a él. Y no a Ralph. Sonreí, su nombre me hacía gracia.
—Voy a buscarle—me separé de la pared y me aproximé hacia la puerta. Parecía que le había dejado con las palabras en la boca. Tenía el presentimiento que esta no sería la última vez que le vería, entonces, no me preocupé.
En una de las cocinas..
Apenas sabía cocinar, siempre que comía en casa era comida pre-cocinada y siempre andaba bastante justo. Y ahora, no sabía por cuanto tiempo tendría que alimentar a dos bocas.
—¿Tú sabes?—levanté la mirada y sonreí a Josh, al contrario que yo él era todo un chef.
Estaba haciéndose un sandwich y observó la sartén que sostenía en mis manos.
—Sí, pero si quieres cocinar te aconsejo echar algo de comida.—Me dio un codazo y se rió de mi descaradamente.
—Sabes que no se cocinar.
—¿Ella lo sabe?—supuse que se refería a Alice y le miré mal.
Negué con la cabeza. Apenas sabía de mi vida y yo de la suya. Pero tenía la necesidad de estar a su lado y más en estos momentos.
—Anda—me empujó con la cadera y me arrebató la sartén de las manos.—Esta vez lo preparo y, pero tienes que aprender.
—Enséñame—le exigí con una sonrisa.
Miró para los lados mientras bañaba con un chorro de aceite la sartén.
—Sabes que te hablo a ti—le dije mientras bajaba la mirada. Volvió a mirar hacia los lados y alzó varias veces los hombros al no encontrar a nadie más que a él. Me reí de sus estupideces y decidí sentarme en la encimera. Por lo que veía tenía una pinta espantosa lo que estaba preparando Josh, pero el olor que desprendía abría el apetito a cualquiera.
—Te enseñaré con una condición.
—Di.—Solté inconscientemente. Estaba mirando como pasaba la gente por la puerta de la cocina. Me saludaban en noruego, aunque fuera la lengua materna de mis padres, cada vez la utilizaba menos. Josh y Andy eran los únicos que hablaban en inglés conmigo. Echaba de menos Noruega, hacía dos años que no pisaba esas tierras nevadas y húmedas que me recordaban a mi infancia.
—Quiero que le digas a Alice que la quieres—sus palabras hicieron que volviera a la tierra y asentí antes de asimilarlas.
—¿Qué?—le miré confuso.—Eso no es verdad, sabes que yo no me enamoro así.—Una imagen pasó por mi cabeza, esa imagen que daría lo que fuera para que nunca se fuera de mis recuerdos. Apenas estaba a un suspiro de mis labios y diversos mechones le tapaban el rostro. Su respiración entre cortada al dormir y la leve sonrisa que expresaba su rostro.
—Lo que yo sé es que nunca te has enamorado.
Josh tenía razón, pero tenía demasiado orgullo para dársela.
—¿Y crees que de Alice sí?
Me planteé mi propia pregunta y la di demasiadas vueltas antes de que Josh me diera su respuesta.
—Sí.—me miró—Lo pienso.
—Estás equivocado—dije aunque dentro de mi sonreí al oírlo.
Soltó la sartén y la dejó caer. Me sobresalté y me aparté por si saltaba algo de aceite.
—Estás cabezón eh—resopló, pude ver en sus ojos que se estaba cabreando. Josh fue un hermano para mi. Aunque nos llevásemos dos años para mi él era lo más parecido que tuve de un familiar. Aunque eso era una larga historia.—Es la segunda vez que me lo niegas, ¿a la tercera me darás la razón?
—Te diré la verdad.
—Entonces ahora me estás mintiendo.
Me tragué mis propias palabras y vi que me había contradicho a mi mismo—soy estúpido—murmuré.
—Si que lo eres—añadió mientras se reía.—Al final el padre de Alice tendrá razón, tengo buen oído.
Sonreí. Me revolví el pelo con ambas manos y me lo dejé más raro de lo normal. Dejé mis manos en la nuca y apreté fuerte los labios.
—¿Tú crees que siente algo por mi?
No me respondió en el mismo segundo, y pude asegurar que tampoco en el mismo minuto. Dejó en suspense mis palabras haciéndome sufrir con ese silencio.
—Si no lo sintiera no estaría aquí.
—Podría estar en cualquier sitio—repliqué a su respuesta.
—Pero está aquí.—Me miró a los ojos y sonrió.—Contigo.
Dejé caer el peso de mi cuerpo en el suelo plantando firme los pies. Me estiré la camiseta que llevaba puesta y me subí los pantalones. Caminé hasta el marco de la puerta.
—¿A dónde vas?—se giró y me enseñó el plato del desayuno.
—Voy a decirla que la quiero.
—¡Eso!—Gritó como si fuera el eco de un público.
—¡Que siento algo por ella!
—¡Eso!—volvió a decir pero con más ánimos y alzando más la voz.
Mi rumbo tenía un sitio, un lugar. Un destino. La tenía a ella. Caminé hasta el fondo del pasillo.
—¿Y la comida?—oí en un grito.
Pero a medida de los pasos que daba se iba convirtiendo en un susurró que acabo desapareciendo en un amplio y solo silencio.
En el trayecto del pasillo me comí y trague todo el miedo que recorría por mi cuerpo. Respiré profundamente para tranquilizarme, pero fue inútil. Cada vez estaba más cerca y notaba como empezaba a temblar. Giré el picaporte y chirrió la puerta mientras la abría apenas unos centímetros. Sus preciosos ojos azules reflejaban una paz interior inmensa la cual necesitaba. El contorno de su rostro y algún que otro mechón suelto se movía a causa de la corriente que había entrado al abrir la puerta.
Tenía dos opciones, dos futuros. Mi corazón y mi razón de ser quería que la dijera que la quería, que su presencia en este mundo era lo mejor que me había pasado, que me hacía ser otra persona diferente, mejor. Que con cada suspiro que daba me regalaba un día de vida. Pero mi cerebro, todas las vías del cerebro me decían que hoy no sería el día, ni el mejor momento.

viernes, 20 de abril de 2012

~Capítulo trece.

Miraba cada uno de sus rostros desorientada y un poco aturdida, aún no tenía los pies en la Tierra, y seguramente, faltaría bastante para que los tuviera. El chico de los tatuajes, ese tal Josh siempre iba muy pegado a Andy, aunque la chica.. miraba de una forma distinta a Charlie. Sacudí la cabeza y cogí inconscientemente de la mano a Charlie, tan solo fueron unos segundos y la volví a apartar.
—¡Charlie la vuelves a traer!—exclamó uno de los chicos.
Él le miró con tal mirada que decidió callarse y mirar para otro lado. Sonreí por dentro y seguí caminando a su lado.
—Nosotros nos vamos ya a nuestra habitación—sonrió Josh.
¿Los dos se iban juntos? ¿A una habitación? Retorcí el morro y seguí caminando con Charlie.
—¿Tú crees que tienen algo?—me dijo al oído—no sé, llevan tres semanas muy raros.
Me encogí de hombros y sonreí.
—Les conozco desde hace unas horas—afirmé mientras me reía.
Se llevó una de sus manos al pelo y se lo revolvió.
—Todavía no soy consciente del tiempo—suspiró—parece que te conozco desde siempre—sonrió y yo hice lo mismo al oír esas palabras.
—No si yo..—no me dio tiempo a terminar y le miré—¿que miras?—le dije mientras esbozaba una amplia sonrisa en mi rostro.
—Nada, nada—movió la cabeza y volvió a sonreír.
En estos minutos había compartido más sonrisas que en toda mi vida. Ya estábamos enfrente de la puerta de su habitación y se dispuso a sacar la llave.
—Voy a entrar yo primero, que la tengo un poco..—se dio la vuelta para mirarme—desordenada.
—Da igual, yo también la tengo siempre así.
—Alice, he visto tu habitación, si eso te parece desordenado no sé que será mi habitación.
No pude aguantar las carcajadas y me dejo en la puerta. Miré a ambos lados, estábamos en el fondo del pasillo, apartados de todos los demás. Apoyé la cabeza en una de mis manos y me di un par de golpes.
—Me duele—rechisté.
Un punzante dolor brotaba en uno de los laterales de mi cabeza, que cada vez aumentaba y se extendía más.
Acerqué los nudillos a la puerta y golpeé un par de veces.
—Charlie, ¿por qué tardas tanto?—suspiré—me duelen las piernas.
Abrió la puerta en un abrir y cerrar de ojos y sonrió.
—Bienvenida a este.. pequeño.. ¿palacio?—alzó los hombros y sonrió.
Me mordí el labio y pasé mientras dejaba mis zapatos por el camino. Estaba como la última vez. Bonita y acogedora, tranquila y bastante simple, era tal como su dueño, Charlie. Me di la vuelta y me encontré con su rostro a pocos centímetros del mío.
—Tu reloj—susurró y alzó su mano—te lo olvidaste la última vez.
En esos instantes ni prestaba atención a sus palabras, miraba sus preciosos ojos verdes que de vez en cuando los cerraba. Pero pasó demasiado tiempo y decidí volver a la Tierra.
—Gra, gracias—tartamudeé nerviosa, extendí mi mano y me lo cedió.
Se volvió a dar la vuelta y se agachó para quitarse los zapatos, le eché un vistazo de arriba abajo y sonreí. No pude evitar ponerme colorada y miré rápidamente a otro lado.
—La mochila—susurré al cuello de mi camisa.
Me acerqué a ella y la cogí, corrí la cremallera y me dejó ver lo que había dentro. Abrí los ojos más de lo normal.
—Charlie—me di la vuelta.
Respondió a mis palabras y se acercó a mi lado.
—¿Ocurre algo?
—Bueno, es que..—pensé por unos segundos, a lo mejor no debía hablar—solo hay ropa de verano, y se acerca el invierno
Se llevó las manos a la cabeza y se dio un golpe así mismo en la frente.
—Lo siento, no me he fijado—mostró una triste sonrisa en su rostro.
Alcé los brazos y rodeé su cuello.
—No importa, ya me cogeré ropa tuya—sonreí y me incorporé mientras me acercaba a su armario.
Noté que se había tirado a su cama mientras observaba cada curva de mi cuerpo. Sonreí de tal solo pensar que me estaba mirando.
—Puede que te quede grande—añadió con una carcajada—y a lo mejor no te gusta.
—Bueno, nos apañaremos con lo que hay—abrí una de sus puertas.
Polos, camisetas, sudaderas, infinidades de pantalones y gorros de todo tipo. Me volví y le miré.
—Tienes un montón de ropa—dije, me había quedado perpleja.
—La mayoría son regalos.
—Menudos regalos—extendí la manga de una sudadera y la saqué del armario para verla.
—¿Te gusta esa?—bostezó—esa la compré yo.
Me llevé la prenda a mi cuerpo y le miré sonriendo.
—¿Crees que me quedará bien?—dije mientras intentaba verme de cuerpo entero.
—A ti todo te queda perfecto.
Intenté disimular la sonrisa tonta que brotó al oír esas palabras y me volví a dar la vuelta.
—¿Me la puedo poner?
—Claro—afirmó.
—Mira para otro lado.
Vi que alzó la cabeza y se tapó los ojos con ambas manos.
—Ya no veo nada—dijo mientras se reía.
—¿A no?—alcancé un gorro y se lo lancé.
No veía, pero esquivó perfectamente.
—Tengo muchos reflejos—añadió al ver que lo había esquivado.
—Sí, y también ves detrás de las cosas—reí.
Se quitó las manos de la cara y sonrió.
—Lo siento, soy un chico, tengo curiosidad.
Me puse la sudadera encima de la ropa y vi que me llegaba por encima de las rodillas. Deslicé los pantalones por mis piernas y me quité la camiseta que tenía debajo de la sudadera.
—Lista—extendí mi pelo y alcancé una coleta que tenía en la muñeca para recogérmelo.
—Me—hizo una pausa—tienes que enseñar eso.
Me acerqué a donde él estaba y me senté a su lado. Miró mi vendaje y su cara pasó a ser de preocupación. Yo también estaba preocupada, los puntos aún me dolían y de vez en cuando me tiraban.
—¿Te duele mucho?—dijo mientras se acercaba a mi y me miró la mano.
—No mucho..—mentí, aún me seguía doliendo—y sino seguro que se me pasa.
—¿Segura?
Parecía que sentía lo mismo que yo en estos instantes, parecía que sabía que le estaba mintiendo y que aún me dolía. Me cogió la mano con firmeza, su piel estaba agradablemente cálida. Me estudió con la mirada, una mirada larga y luminosa que reflejaba el resplandor de una noche. Por un instante me perdí en esos ojos que había visto por primera vez en el rostro de un delincuente.
—Segura—asentí a mis palabras y me estiré, bostecé, tenía sueño. Demasiado sueño.—¿Vamos a cenar algo?—Dije para apartar la sensación que tenía en el pecho.
—Yo no tengo hambre, ¿y tú?—siguió agarrándome las manos, cada vez con más delicadeza, jugaba con mis dedos y yo me dejé enredar. Notaba como sus yemas rozaban las mías y él no apartaba la mirada de mis ojos. Aquellos ojos verdes.
—Tampoco, después de todo esto he perdido el apetito.—afirmé.
Sonrió a mi respuesta y dejo mis palabras en el aire.
—Pero si que tengo sueño..—dejé caer mis palabras como un abanico mientras apartaba mis manos de las suyas y me las llevaba a la nuca.—¿Dónde voy a dormir?
—Pues..—miró a ambos lados y incluso se dio la vuelta y observó el baño.—¿Te parece cómoda esta cama?—no sonrió.
Me meneé en ella y boté un par de veces haciéndola crujir por mi propio peso. La observé y vi como una colcha verde la cubría, no era muy llamativa, pero era cómoda.
—Sí, por qué no—apoyé la cabeza en la pared, me seguía doliendo.
—Pues toda tuya—antes de que esas palabras salieran de sus labios, frunció el ceño y se levantó.
—¿Mía?—me sorprendí, pero no por el tema de dormir con él, en esos momentos era lo que más deseaba.
Movió la cabeza y sacó unos cuantos cojines de unos de los armarios. Los tiró a unos pocos metros de su propia cama y alcanzó una manta de lana.
—Esta será mi cama—bajé la mirada y aunque quisiera decir algo, no pude.—No es lo mismo, pero es lo que  hay.
Seguramente querría una respuesta, pero no sabía que decir. No podía permitirle que durmiera ahí. Tirado. Pero fue demasiado tarde, en unos pocos minutos apoyé la cabeza en la almohada, hundiendo mi rostro en ella. Cada mechón paso por mi cara, rozando mis labios. La luz de la luna se filtraba por cada hueco que había entre cada pliegue de la cortina. No podía dormirme. Miré hacia el suelo y apoyé uno de los brazos en la almohada. Charlie era un bulto negro en la oscura habitación. Pero sonreí al oír su voz.
—¿Duermes?—la voz de Charlie era poco más que un susurro, pero en las tinieblas de su habitación sonó como un grito inesperado.
Tenía la sensación de que no volvería a dormir, al tener su presencia las veinticuatro horas. Su extraña y maravillosa presencia.
—No.
—¿Y eso?
Me cubrí con la manta hasta el cuello. Estaba tiritando del frío.
—No sé.
—¿Tienes frío?—dijo mientras se tapaba con la manta.
—No.—mentí. Necesitaba calor.
—Yo sí—me encantaría abrazarle, pero estaba demasiado lejos.—Y dudo que tú no tengas.
Sonreí en la oscuridad, y pude ver también como alumbraba su sonrisa en la noche.
—Vale, ¿no tenéis calefacción?—dije contradiciendo lo que dije anteriormente.
—No, por eso odio los inviernos, los pasamos muy mal.
Aunque hubiera ventisca, granizara, lloviera. Hubiera huracanes, terremotos y un amplio etcétera, esa pequeña habitación era el lugar más seguro que tenía en esos momentos. Mejor que mi casa. Mejor que cualquier sitio.
—A mi me gustan.—Esas tardes frías de invierno me encantaban.—Pero esta será la más rara que pasaré..
—La pasarás conmigo—respondió casi sin pensar, justamente cuando terminé.
—Sí..—no lo dije muy convencida, ni siquiera lo llegué a pensar, porque añoraba a mi madre.
Volvimos a estar en silencio, incluso dudé unos segundos de siguiera despierto ya que no daba ninguna señal de vida. Respiré profundamente incluso gemí de rabia. Tenía frío y me sentía algo vacía. Pero no sabía en que sentido.
—¿Duermes ahí cómodo?—su postura era espectacular, ni si quiera diferenciaba donde tenía la cabeza en la oscuridad.
Me miró a los ojos.
—¿Tú que crees?
Me moví para un lado, dejando espacio para una persona más, pero parecía que él no quería. Que no se daba satisfecho conmigo. Puse mala cara y al final vino.
—Gracias—se sentó y me miró—pero creo que no debería molestarte, debes tener tu espacio.
—Es tu casa, tu habitación, tu cama..—todo era suyo, y me lo había dado, así, por las buenas.—Yo aquí sobro.
Una de las yemas de su dedo hicieron el recorrido de mi rostro, marcando cada rasgo que tenía.
—Buenas noches.—Se acercó a mi frente y me besó en ella.
No me dormí en el mismo momento que él. Fingí que lo hacía para poder verle. Era tan perfecto como me imaginaba. Apenas estaba a unos centímetros de mi, incluso nos rozábamos con las piernas o brazos. Pero yo no quería ese tipo de roces. Yo quería más arriba. En los labios.

sábado, 14 de abril de 2012

~Capítulo doce.

Lo último que recordaba era el traqueteo de un coche y el ritmo de una canción. No recordaba muchas cosas, ni siquiera era consciente de lo que estaba pasando a mi alrededor.
Intenté despegar mis párpados y algo de luz filtraron mis ojos. Vi una figura borrosa y muy poco definida.
—Char..—intenté decir, pero cada vez tenía menos fuerzas.
Empecé a oír una conversación bastante fluida y no dudé en prestar atención.
 —Charlie, se ha despertado—dijo alguien que se encontraba a mi lado. Forcé la vista y vi el rostro de una chica a la que cual tenía apoyada mi cabeza en su hombro.
—¿Se ha despertado?—exclamó alguien a lo lejos.
Intenté vocalizar y aunque mis labios se movieran mi garganta no producía ningún sonido.
Pude diferenciar su sonrisa, me miraban esos preciosos ojos verdes e intenté devolvérsela.
—¡Charlie! ¿Este es el camino?
Volvió la vista hacia la carretera y dejó de mirarme. Ahora reconocí el camino donde nos encontrábamos, era mi barrio, supuse que iríamos a mi casa.
—Sí—afirmó—la otra vez vine por aquí, ¡mira!—hizo una pausa—esa es su casa.
—Josh, ¿te queda gasolina?
—Suficiente para unos días.
Moví lentamente los dedos hasta alcanzar la pierna de aquella chica. Pude apreciar que iba de gris y tenía el pelo recogido, pero, aún seguía viendo borroso. Ella cogió mi mano antes de que yo llegara a la suya. Charlie se lo habría contado y por eso me trataría con delicadeza.
Una parte de mi sonrió pero otra se dio cuenta de que debería haberme quedado en el suelo, bañándolo de color de rojo.
Volví a cerrar los ojos, hasta que noté que alguien me cogía en brazos.
—¿Te ayudo Josh?—oí en un susurro.
—No, es bastante ligera.
No era consciente, pero sonreía.
—Ya, le haré comer más.
Ambos esbozaron algunas carcajadas mientras la chica seguía agarrando mi mano.
—¿Alice verdad?
—Sí, pero la puedes llamar Ali.—reconocí su dulce voz.
—O, cariño.
Ambos pararon y pude apreciar el rostro de Charlie.
—No somos nada..—suspiró.
—Entonces—hizo una pausa—¿qué hacemos aquí?
—Esta mal, y no quiero dejarla así.
Supuse que dijo lo primero que le pasó por la mente, aunque, si me paraba a pensar, yo tampoco sabía que hacía con ese chico.
—De algo forma la quieres, sino, no harías esto.
La chica me proporcionó más fuerza en la mano al oír esas palabras. Rechisté de dolor, sin querer me había apretado en la muñeca y aún no tenía completamente la herida cerrada.
Charlie dejó esa conversación en un silencio. Estiré mis brazos y proporcioné un golpe al chico que me llevaba.
—Lo..—abrí los ojos—¿pe.. pero quién eres?—me moví bruscamente.
—Charlie, la bella durmiente se ha despertado.
Dirigí la vista hacia Charlie, que estaba en la puerta de mi casa. Planté mis pies en el suelo, aunque no tenía demasiadas fuerzas para caminar sola.
—¿Te ayudo?—me dijo aquel chico con los brazos tatuados.
Sonreí y llevé la vista hacia mis pies, sola no podría y no me quedaba otra que aceptar su ayuda. Extendí la mano.
—Con la mano no voy a poder—sonrió.
Se acercó a mi y me agarro de la cintura.
—¿Te hago daño?—dijo mientras intentando esquivar mis heridas.
Negué con la cabeza y caminé al ritmo de su compás. No dije nada, ni quién era, ni que querían hacer en mi casa, ninguna palabra salió de mis labios. Hasta que Charlie me sonrió.
—¿Crees que debo llamar?—dijo mientras se daba la vuelta.
—¿Tú que crees?—sonreí—seguramente no esté en casa, pero habrá personas.
—Bueno—se agachó y levantó el felpudo—a la próxima guardar mejor las llaves.
Me parecía estúpido tener ahí la llave, pero eso era típico de mi madre, hacía las cosas que salían en las películas. Sonreí y llevé mi mirada a la suya, luego volví a la del chico que me ayudaba caminar.
—¿Y tú quién eres?—dije mientras apartaba su mano de mi cintura, con el tiempo notaba que tenía más fuerzas.
—Soy Josh, soy amigo del pelirrojo.
—¿Y ella?—moví la cabeza hacia un lado y la miré.
—Ella es Andy.
—Yo..—sonreí—yo Alice, supongo que sabréis quién soy.
—Sí—dijeron los dos.
—Charlie nos ha hablado de ti.
Miré hacia la puerta, estaba abierta. Pude diferenciar entre la oscuridad del recibidor a Charlie subiendo por las escaleras. Moví los pies con dificultad y caminé agarrándome a lo primero que divisaban mis ojos.
—¿Te ayudo?—oí a lo lejos.
Negué con la cabeza y seguí caminando. Me sorprendí, el rastro de sangre que había en la cocina no estaba. Eso podía significar una cosa, que mi padre había estado aquí. Mis pies se dirigieron hacia las escaleras.
—¿Charlie?—grité con miedo de que mi padre estuviera.
Vi a alguien asomarse al borde de la barandilla.
—¿Cuál es tu cuarto?—sonrió—he pasado a diez habitaciones y aún no lo he encontrado.
Encogí la nariz y meneé la cabeza.
—Espera que subo.
Nada más poner un pies en el primer escalón oí a Charlie gritar.
—¡No hagas esfuerzos! ¡Ahora yo soy tu enfermero!
Sus palabras llegaron a mis oídos y me senté en uno de los escalones. Restregué mi cara con la camiseta que llevaba puesta. Miré mi reflejo en un espejo, la ropa que llevaba...no me sonaba, no era mía, pero me gustaba.
—Es mía—dijo la chica que había sujetado mi mano y se sentó al borde de otro escalón—te lo puedes quedar si quieres.
—Es tu ropa, luego cuando me cambie te la devuelvo—intenté alcanzar sus manos—muchas gracias de verdad.
—No enserio, es tuya—dijo mientras se echaba atrás el pelo.
Me volví a mirar en el espejo. No me quedaba mal, no era mi estilo y nunca había llevado algo parecido, pero me gustaba.
—Soy Andy, antes Josh no me ha dejado presentarme.
—Yo Alice, y bueno.. me resulta incómoda esta situación—dije mientras me mordía el labio inferior.
Conocer gente no era mi hobby, siempre había sido demasiado tímida y nunca había tenido muchos amigos.
—Tranquila, yo también estoy nerviosa—recorrió su rostro con su dedo—pero parece que vas a vivir con nosotros.
Mientras tanto en un piso más arriba..
Por fin dí con su habitación. Abrí uno de sus armarios y busqué algo de ropa. Una gran cantidad de camisetas pudieron apreciar mis ojos. Revolví mi pelo y lo metí todo en una mochila. Busqué en los cajones, calcetines, pantalones, intenté no mirar su ropa interior y la metí sin apuros y con mucha prisa.
—Uf ya—respiré y me reí de esa situación—venga, unas cosas más y ya tendremos que salir.
Me senté en su cama y respiré, me parecía rara la situación, me faltarían dedos para contar las veces que me había colado en casas, pero.. de esta nunca.
Observé uno de los marcos que rodeaban su habitación, con su familia, con su supuesto padre y su fallecida madre.
¿Por qué le habría tocado esto? Ni yo ni nadie lo sabía, pero parecía que se iba a calmar. Me llevé la mochila a la espalda e intenté girar el manillar.
—Que duro—dije en voz alta mientras volvía a girarlo.
Tardé en darme cuenta de que la puerta estaba cerrada desde fuera. Primero fue el pánico, luego, fue pensar en Alice, ninguna de las tres personas que había abajo querrían que yo me quedara encerrado. Pero esto me daba a pensar de que habría más de tres personas en esta casa, en esta grande y escalofriante casa.
—¡Joder Alice!—golpeé con el hombro la puerta—¡Josh! ¡Andy!
Los gritos fueron inútiles, la casa era tan grande que no podrían oírme.
—Venga Charlie, estará bien—me froté la cara con mis manos y tiré la mochila al suelo—Josh la cuidará.
Quería convencerme de que Alice estaría bien, y que si su padre rondaba por esta casa él la defendería.
—Otra vez no—suspiré—por favor no..
Tenía otra vez la misma sensación de que no podría a estar a su lado. Otra vez recorría por mi cuerpo culpabilidad. Otra vez.
—Debería haberla besado—sonreí al decir esas palabras en alto—debería haberlo hecho.
Recordaba el contorno de sus labios y se me erizó todo el vello del cuerpo. No me iba a rendir, y volví a golpear la puerta. Impulsé todo mi cuerpo contra esa tabla de madera hasta que conseguí forzar la cerradura. Apoyé mis manos en el suelo, mientras notaba que toda la sangre se me iba a la cabeza. Entré y cogí la mochila. Cerré y corrí por los pasillos.
—¡Josh!—dije gritando—¡Alice Andy! ¡Salir fuera!
Bajé por las escaleras corriendo, intentando no caerme. Y allí estaban, hablando.
—¿Por qué estás sofocado?—me dijo Andy con cierto tono gracioso—¿te has perdido y has tenido miedo?
Miré a Alice, me calmaba que estuviera bien y dejé las cosas en el suelo.
—Me han encerrado en tu habitación—la miré preocupado—y no creo que fuerais vosotros.
Ambas negaron con la cabeza, y buscaron a Josh con la mirada, yo también lo hice, pero no pude encontrarle.
—¿Sabéis donde está?—me agaché y antes de coger la mochila miré a Alice, clavó su mirada en la mía e hizo que me estremeciera. Siempre nos quedábamos en esos instantes, donde ninguno nos besábamos, a lo mejor, ella no quería. Tendría que darme por vencido.—Voy a buscarle.
—Pero..—la interrumpí.
—Iros al coche, Andy—suspiré aunque no estaba seguro de lo que decía—sé que no sabes muy bien conducir, pero si en 10 minutos no estoy vete—dije mientras la miraba, aunque por el rabillo del ojo observaba a Alice.
Afirmó y cogió a Alice del brazo.
—Alice, vayámonos.
—¿Y ellos?
—Son muy fuertes, ya veo que no conoces a Josh—rió y yo también lo hice.
Me acerqué a ellas y les di un beso a ambas.
Vi como se alejaban hacia la puerta y las perdía de vista poco a poco cuando se introducían en el jardín.
—¿Josh?—susurraba entre pared y pared.
Hablaba solo por esa casa, como un estúpido, ya que nadie me respondía.
—¿Josh estás ahí?—miré entre el poco espacio que había entre el marco y la puerta. Y pude apreciar un par de tatuajes en un brazo.
Abrí la puerta y di un portazo a la pared.
—No me vuelvas a dar esos sustos—suspiré y observé que hacía.
Se dio la vuelta y me miro indeciso. Señaló algo con el dedo y lo busqué con la mirada.
—Es su padre, ¿verdad?—me dijo mientras abría la navaja.
Elevé la mano y se la quité.
—Nosotros no hemos venido para esto—le dije, aunque yo tendía más ganas que él.
—Pero lo que le hizo.. y está ahí, tan tranquilo, leyendo el periódico, ¿te parece normal?—me dijo mientras intentaba arrebatármela de las manos.
—Mira—le miré a los ojos, tanto dentro de mi como de él había rabia—ya se lo pagaremos, tranquilo.
Hizo un giro brusco y le agarré del brazo.
—Soy mayor que tú, ¿recuerdas?
—Sí, pero yo tengo más cabeza.
Ambos esbozamos una sonrisa y decidimos dar media vuelta. Una hipótesis pasó por mi mente, me había encerrado en su cuarto, ¿y se quedaba ahí? Podría a ver visto a Alice y Andy perfectamente, incluso a Josh, pero prefirió leer el periódico.
Un sonido chirriante hizo que me sorprendiera.
—¿Qué haces Josh?—llevé la vista hacia el suelo y vi como un jarrón sé rompía en mil pedazos.
—Se ha caído, dios—se agachó y se dio la vuelta—¿crees que lo habrá oído?
Miré otra vez hacia el sofá donde se encontraba y no estaba.
Empecé a mover la cabeza y a buscarle por todos lados, pero no había rastro de él.
—Josh vayámonos—dije nervioso.
—¿Tienes miedo de un abuelo?
—¡Que nos vayamos joder!—le cogí del brazo y le llevé hacia la puerta.
El silencio nos rodeaba y ambos caminábamos sin saber donde se había metido ese hombre.
—¿Has oído eso?—me dijo en el oído.
Me dí media vuelta y no vi nada.
—He dicho oír, no ver imbécil—dijo serio aunque yo me había reído.
Negué con la cabeza y seguí caminando, aún no habíamos llegado a la puerta.
—Era como si hubieran recargado..—dejo de hablar, supuso que ya estaba la situación bastante tensa.
—Di, ¿recargado el qué?—dije subiendo una ceja.
—Un arma, ¿seguro que no lo has oído?
El corazón se me paró por unos instantes.
—¿Un, un arma?—tartamudeé, mentiría si decía que nunca había llevado una, pero eso eran viejos tiempos, aunque la hubiera utilizado, aún la seguía teniendo miedo.
—Exacto, pero sigamos, casi ya estamos en la entrada.
Los dos seguimos caminando, hasta que oímos más pasos que los nuestros.
—Tu amigo tiene buen oído Charlie—dijeron a nuestras espaldas.
Estábamos enfrente de la puerta, pero pensar que ese hombre llevaba un arma encima hizo que se me paralizara el cuerpo.
—Salimos a la de tres—me dijo en un susurro, que apenas pude oír.
—¿No quieres mirarme muchacho?—volvió a decir.
Conté hasta tres en la mente y cogí el brazo de Josh y corrimos hacia la puerta, el coche no estaba muy lejos, pero ya estábamos oyendo disparos. Miré a Josh, y vi que estaba perfectamente.
—¿Te vas a quedar mirándome?—dijo mientras corría delante mía.
Corrí con todas mis fuerzas y me metí en el coche con Andy y Alice.
—¿Eso son disparos?—dijo Andy mientras intentaba arrancar el coche.
—¡No, son margaritas que vuelan!—dijo Josh, nunca era borde, apenas era irónico, pero en estas situaciones todos estábamos demasiado tensos.
Me puse en el asiento de atrás al lado de Alice, ella estaba tan atemorizada como nosotros, pero tenía algo diferente, supo mantener la calma.
—¡No puedo arrancar!—gritó nerviosa.
El coche se había calado, y cada disparo se oía más cerca. Josh se puso en el asiento del conductor cediéndole el de copiloto a Andy.
—Pero mira que eres..—rechistó—ya sabes que este coche es viejo, tienes que apretar aquí.
Los tres miramos y vimos como poco a poco el coche empezaba a arrancar.
—¡Y a qué esperas!—gritó Andy.
En menos de dos segundos el coche se puso en marcha y salimos de ese barrio. Ellos sonreían, parecía que estos momentos de angustia les gustaban y luego se reían. Yo, mientras miraba a Alice.
—Alice, estamos aquí—puse mi mano en su pierna.
La agarró con extrema delicadeza y apoyó su cabeza en mi hombro. Mi ritmo cardíaco aceleró sin ninguna razón y cada vez respiraba más deprisa, hasta, que comprendí que ese cosquilleo en el estómago, esos latidos descontrolados y todo, tenía una explicación, puede que nunca hubiera dicho esto, pero, Josh tenía razón, de alguna forma la quería.

lunes, 9 de abril de 2012

~Capítulo once.

En los bordillos de una escalera..
Me colgó el teléfono dejándome con las palabras en la boca, pero así era Charlie, nunca daba explicaciones y apenas se enrollaba hablando, era demasiado directo.
—¿Qué te ha dicho?—miré a mi al rededor y vi que Andy me hablaba.
—Que está en el hospital.
—¿Él?
—Sí él.
Vi en sus ojos angustia aunque su expresión no mostraba lo mismo.
—No será nada entonces—sonrió, la conocía demasiado, estaba preocupada.
No me había dado muchos datos, pero no se le veía muy preocupado sino algo despistado. Como si no estuviera en este mundo.
—Sí, pero sería de ver a alguien.
Andy se acercó a mis labios y me dio un dulce beso. Me separé y miré al otro lado.
—No hacemos mal Josh—me rodeó con sus brazos—lo de Charlie fue pasado.
Me di la vuelta y me senté en el bordillo.
—¿Y si a él le sigues gustando?
—Nunca le gusté, además fui yo la que me enamoré de él.
—Y él de ti.
—Mentira—me dijo cabizbaja—fue un error, solo fuimos amigos.
—Y algo más, que no me queréis decir.
Resopló y yo hice lo mismo. Miré sus preciosos ojos negros y como se apartaba el flequillo de un suave movimiento de cabeza.
—Pero..
—Venga, no hay peros, te quiero a ti.
—Mentira—dije sonriendo.
—¿No me crees?—abrió la boca—pues entonces..
—A ver que vas hacer ahora..—observé lo preciosa que era—de ti me espero cualquier cosa.
—Hacer bien—sonrió y acabé haciendo lo mismo.
Volvió acercar su rostro al mío y me volvió a regalar un dulce beso.
-Yo también te quiero.
Mientras tanto en una habitación de un hospital..
Me miraba casi tirado en la puerta, yo no podía controlarlo, necesitaba llorar y esa enfermera.. fue mi pañuelo. Al hacerme las pruebas vieron que abusaron de mi, aunque yo no lo hubiera confesado. ''No pasa nada pequeña'' me dijo más de una vez. Pero sí pasaba.
—Pasa si quieres—le dije mientras me colocaba la almohada detrás de la cabeza.
Entro apenas tambaleándose, no sabía que tenía ese chico que le hacía tan especial. Se acomodó en el borde de la cama y decidió no mirarme a los ojos.
—Gracias por venir—le dije con una triste sonrisa.—Aunque no hubiera echo falta.
Hizo un recorrido con la mirada desde mis pies hasta mis ojos.
—¿No lo recuerdas verdad?
Fruncí el ceño y ladeé la cabeza hacia un lado.
—¿Recordar? ¿El qué?—dije confusa, lo último que recordaba era como mis piernas se desplomaban en el suelo.
—Yo fui quién llamé.
Me quité alguna lágrima que aún seguía en el recorrido de mis mejillas e intenté hacer memoria. Dos minutos me hicieron falta para darme cuenta de que era inútil, estaba demasiado cansada y se me hacía imposible recordar lo que había pasado unas horas antes.
Posó su mano en mi pierna. Gemí de dolor y él la apartó.
—Lo siento—dijo mientras se quitaba el pelo de la cara.—Odio los hospitales, pero tenía que verte.
Esbocé una sonrisa sincera, él me respondió de la misma manera y esbozó una carcajada.
—Me curaré pronto, supongo que me darán ya el alta—bostecé y elevé los brazos estirándome.
—¿El alta? ¿ya?
—Sí..—tragué saliva—dicen que andan mal de camas y que si no me importaba me podría ir cuando quisiera.
—Pero no quieres irte, ¿verdad?—se acercó aún más a mi intentando no rozarme.
—A mi tampoco me gustan los hospitales Charlie..—cogí un cacho de tela y empecé a juguetear con ella entre mis dedos.
—Pero si es por necesidad, tienes que estar aquí.
—Por eso, yo no lo necesito, en mi casa tengo a mucha gente.
Vi que negaba con la cabeza al oír mis palabras.
—Tú no te vas a tu casa, te vienes conmigo—levantó una ceja y dejó ver sus preciosos dientes.
—¿Para que pase lo de la otra vez?—dije sonriendo.
No me lo creía, después de lo ocurrido tenía ganas de sonreír, vivir. Y pensar que quería acabar con mi vida, de la forma más horrible posible.
—Controlaré a mis amigos—acompañó con una carcajada.
—No me refiero a tus amigos—dije mientras me espabilaba.
Me refería a ese beso, por muchas horas que pasasen aún lo necesitaba.
—Estoy perdido—dijo mientras se mordía la comisura del labio inferior.
Intenté apartar el tema, pero el siguió insistiendo, con cada palabra se acercaba más y más.
—No me cambies de tema—dijo con cierto tono de enfadado.
Pero pronto volvió a sonreír. Yo no podía evitarlo, algo dentro de mi quería cogerle y abrazarle, pero apenas tenía fuerzas y dudaba que él tuviera ganas.
—Ya te lo contaré—sonreí—si me vas a cuidar cuando esté enferma tendremos tiempo ¿no?
—Sí—me devolvió la sonrisa—lo tendremos.
Relajamos la tensión que teníamos y ambos nos acomodamos en la camilla, sentados, uno delante de otro.
—Entonces, ¿voy a vivir en tu casa?
—Exacto—dijo afirmando.
—Espero salir pronto entonces—soplé hacia arriba intentando quitarme un mechón de la cara.
Acercó su mano y me lo llevó detrás de la oreja. Volvimos a estar tan cerca como la última vez, pero no era por el mismo motivo, o eso parecía. Compartimos el mismo aire unos minutos más, ninguno de los dos decidimos separarnos. Ese verde intenso, notaba su aliento e incluso podía apreciar sus pestañas en mis pómulos. La última vez fue el chasquido de la puerta, en estos momentos fue la música de su móvil la que empezó a sonar.
—Perdona—lo sacó de su bolsillo y puso mala cara al ver quién era—tengo que responder.
Leí sus labios y vi que decía el nombre de Josh.
—No..—me restregué la frente—no pasa nada.
Salió dando un portazo, y oí un par de gritos.
Tenía la sensación de que el destino nos daba muchas posibilidades pero ninguno de los dos las aprovechábamos. A lo mejor era lo que tenía que ocurrir. Resoplé.
—Joder, estaba tan cerca—me dije a mi misma en voz alta—tan cerca como la otra vez..
Dejé que mis párpados cayeran con el cansancio que tenía en el cuerpo y por fin sentí que por una noche dormiría sin miedo.

domingo, 8 de abril de 2012

~Capítulo diez.

Aunque no fuera mi sangre sentía la sensación de que se había derramado por mi culpa. No besarle fue el colmo que hizo que se intentara suicidar o eso pensé. Lo peor fue verla tirada en el suelo. Recuerdo esa situación como si hubiera sido hace unos minutos. Ese charco de sangre que la rodeaba.
Alguien golpeó la puerta y entro. Una bata blanca se asomó y sonrió al verme.
—¿Eres el chico que ha llamado?—Me dijo mientras se llevaba a la espalda la información médica de Alice.
—Sí, soy Charlie.
—¿Hermano?
Negué con la cabeza y me entristecí, debería haber estado a su lado.
—¿Novio?—Me volvió a preguntar al ver que no había acertado.
—No, no lo soy..—Me sonrojé y eché la vista hacia la camilla.
Estaba demasiado delgada, y presentaba diversos moratones y arañazos, pero lo que hacía estremecerme eran sus muñecas.
—Bueno, como me han dicho tú has sido él que ha estado ahí.
Asentí y me levanté para estar más cerca del médico.
—Le has salvado la vida, si no hubiera venido antes abría perdido demasiada sangre y..—decidió no continuar al ver mi expresión de solo oír eso.—os dejo solos, a lo mejor se despierta, y puede que se alegre al verte.
Le esbocé una sonrisa y me acerqué a ella. Miré cada uno de sus moratones y heridas, solo podía habérselas producido su padre, pero no sabía ni cómo, ni por qué. Llevé la vista a la ventana y vi que estaba nublado, el invierno se acercaba. Odiaba esa época, en la casa de acogida apenas había calefacción y los inviernos eran muy duros, él único calor humano que quería era el de Alice, pero no la veía muy dispuesta en estos momentos.
Sentí como alguien rozaba la yema de mis dedos. Rápidamente bajé la vista. Se había despertado.
—Char..—la interrumpí.
—Calla, tienes que descansar.—La arropé con la manta y me quedé mirándola.
Me quise dar la vuelta, pero su débil mano agarraba la mía.
—Gracias por estar aquí—Dijo con mucha dificultad.
—No dudes, que después de que estés bien, te vas a llevar la tuya—Todavía no me creía lo que había hecho, todavía no me creía la situación en la que me había encontrado. Al principio me costó reaccionar, pero llamé a tiempo.
—¿Mi padre sabe algo?—Dijo mientras intentaba ponerse de lado, pero al ver que no podía se rindió.
—Le han estado llamando, pero no da señales de vida.
Rechistó y sonrió.
—Es un cabrón, nunca se ha preocupado por mi, y tampoco creo que lo haga ahora.
Los dos miramos a la puerta, alguien estaba entrando. Me imaginé que sería su padre y la rabia se apoderó de mi.
—Soy yo, tengo que hablar un momento con Alice..—entró y dejo medio abierta la puerta.
Me echó una mirada con intenciones de que me fuera.
—¿No se puede quedar?—Dijo mientras me soltaba la mano y suplicaba a la enfermera.
—Es mejor que se vaya, luego si quiere que entre.—dijo convencida.
Obedecí y salir sin apenas hacer ruido, la enfermera se sentó al lado de Alice y empezaron a hablar.
Si me paraba a pensar apenas había estado con ella. Dos o tres momentos como mucho. Pero ella me hizo experimentar lo que ninguna persona había logrado en mi. Sus ojos azules y su pelo castaño. Su personalidad su dulce sonrisa. Una persona pasó enfrente mía y se me quedó mirándome apoyada en la otra pared del pasillo.
Levanté la cabeza y me coloqué el pelo. Era una chica rubia.
—¿Qué estás mirando?—Me dijo indignada.
Mostró su superioridad tan solo con esas tres palabras.
—Me estabas mirando tú.—me reí— te lo tendría que preguntar a ti.
—Soy Renee.
—Yo Charlie.—aunque se hubiera presentado me parecía bastante egocéntrica.
Ninguno de los dos dijimos nada, nos quedamos en silencio, hasta que de sus labios salieron unas palabras.
—¿Charlie? ¿Charlie Blair?—Dijo mientras se aproximaba a mi lado.
Mi rostro expresó sorpresa, ¿como sabía mi nombre?
—S..sí. Soy yo.—dije curioso—¿cómo lo sabes?
—Bueno, sé los nombres de los chicos guapos..—dijo mordiéndose el labio inferior.
Se acercó a mi brazo pero yo di unos pasos hacia delante. Intentó disimular y se llevó el pelo atrás en un recogido.
—Eres amiga de Alice.
—En efecto.
Asentí a su respuesta y asimilé lo que pretendía esa chica, ¿me había echado un piropo? ¿Así por las buenas? ¿Estando su amiga en el hospital?
—¿No vas a verla?—dije intentando disuadir el silencio.
—No creo que quiera verme—dijo mientras rebuscaba en su bolso.
—Pero es tu amiga, no creo que rechace visitas.
Elevó la mirada y dejó de buscar.
—Pero mira que eres pesado—soltó.
Abrí los ojos y fruncí el ceño. Vi que sacaba una cajetilla de tabaco de su bolso. Busqué rápidamente alguna señal en donde decía no se podía fumar, aunque, en un hospital era evidente.
Señalé con el dedo el cartel ya que se había encendido un cigarrillo.
Se dio la vuelta y levantó los hombros.
—Nos van a regañar—dije mientras intentaba quitar el humo con las manos.
—¿Y a mi qué?
Era impertinente, borde, me ponía de los nervios, y sobretodo, era inmadura. Saber la situación de Alice y comportase así.
Puse el oído en la puerta, y pude percibir aún voces en la otra habitación, aún no habían terminado.
 —Te van a regañan—me soltó con cierto tono burlón.—me caes bien.
Soltó el humo y sonrió.
—Pues tú a mi no.—No me ande con rodeos.
Esbozó una carcajada y tiró el tabaco al suelo, mientras lo aplastaba con sus zapatillas.
—Listo, ya no fumo.
—Bien—respondí un poco distraído, seguía pendiente de la puerta—ahora voy a entrar.
—Entraré contigo..—me susurró en el oído.
Me di la vuelta y vi que estábamos muy cerca. Me choqué contra la pared al ver que estaba tan pegada a mi.
Mi bolsillo empezó a temblar. Ella lo notó y se alejó dejándome espacio para respirar. Lo saqué sin apenas mirar quién era, me daba igual, tenía que salir de esa tensión que había creado Renee.
—Charlie, ¿dónde estás?—me dijo alguien al otro lado del teléfono.
—¿Quién eres?—Dije mientras me rascaba la cabeza, no me sonaba su voz.
—Soy Josh.
Cuando me quise dar cuenta la chica había desaparecido, miré a ambos lados del pasillo, parecía que se había esfumado junto al humo de su cigarrillo.
—¿Estás ahí?—Oí en un eco del teléfono, me lo pegué de nuevo a la oreja.
—Estoy en el hospital.—dije mientras me frotaba el brazo.
Sentí como algo rozaba mi espalda, era el borde de la puerta, ya habían acabado de hablar.
—¡Espera!—dije a la enfermera, pero ella siguió caminando.
Dejó la puerta abierta, y pude observar a Alice y su rostro encharcado por sus propias lágrimas.

~Capítulo nueve.

Yacía desnuda en el rincón más oscuro de aquella habitación. Defenderse fue inútil, y apenas pude gritar. Con lágrimas en los ojos estuve cada segundo, rogando, que fuese una pesadilla. La yema de mis dedos recorría cada centímetro de mis heridas, cada señal que dejó en mi cuerpo. Después de haber abusado de mi, se fue, sin decir ninguna palabra, sin mostrar ningún síntoma de culpa o arrepentimiento. Dudaba que tuviera conciencia, que algo dentro de él le dijera que había hecho mal, que tenía que arrepentirse, dudaba que algo dentro de ese ser hubiera un corazón. Toqué parte de mi muslo, los moratones no era lo más importante que mostraba mi piel, sino arañazos. Froté mis ojos y solté un alarido de dolor. Llevé mi mano a la espalda y palpé la herida que me hice con la ventana.
—Charlie..— susurré.
Recordaba cada centímetro de su rostro como si fuera un sueño.
—Tengo que levantarme.. — Me erguí aunque dentro de mi sentía que tenía los huesos fracturados, como si fueran cenizas. 
Después de varios intentos fallidos pude levantarme con ayuda del sillón. Miré a mis alrededores y observé que todas las persianas estaban bajadas, y no había ninguna luz. Forcé la vista y pude diferenciar un par de muebles.
—Tengo que acabar con esto.
Giré el picaporte con miedo en el cuerpo. Tenía la sensación que alguien seguía en la habitación. El silencio siempre me había acompañado en mis días de pena y era el único que nunca me había abandonado.
La puerta crujía al abrirse y parte de mi empezó a estremecerse. Observé la cerradura, estaba destrozada.
Flashes de esa noche vinieron a mi cabeza. Abusar no fue la palabra exacto del acto. Recordaba cada grito y su cara de placer, recordaba cada movimiento. Me extrañó que no formase un charco de lágrimas, porque en ningún segundo paré de llorar.
Elevé la cabeza y la sacudí dos o tres veces.
La plata de mis pies rozaba todas las alfombras que se extendían por el pasillo. No llevaba nada, ninguna prenda tenía mi cuerpo. Pasé la mano por la barandilla mientras bajaba por las escaleras, con el destino de ir al recibidor. 
—Supongo que estaré sola.—Respiré hondo y me fui hacia la cocina. 
En el trayecto pude observar fotos, cuadros, nunca imaginé que mi vida pudiera acabar así. Nunca imaginé que mi madre se iría antes de lo previsto, y que mi padre desahogara su ira y sus deseos en mi, nunca me hice una idea de lo que podía llamarse dolor, hasta que lo experimenté.
Entré en la cocina, y no había nadie, supongo que la casa estaría vacía. Mejor. Abrí la nevera.
—¿Para qué la abro?—Achiqué los ojos y la volví a cerrar. No tenía apetito.
Me acerqué a una de las encimeras. Una cosa me llamó la atención. 
—No Alice, no.. no has llegado hasta esto—Me dispuse a caminar, hasta llegar a esa cosa brillante y puntiaguda. 
Con un corte rápido acabaría con el dolor, sufrimiento y con todo lo que me pudiera deparar la vida. Jugueteé con ello varios minutos, en cuales pensaba como sería la forma menos dolorosa de morir. Me dijeron mediante el gas, ahogarse, arder. Pero la forma más rápida sería un corte en las venas. No volvería a vivir, no volvería a ver a mi padre, su rostro, su escalofriante y aterrador rostro. Me llevé las manos a la cabeza y asimilé lo que estaba pensando, lo que me planteaba. Mi propia reacción me extrañó, sonreí.
—Puedo ser más fuerte—Dije y pensé.
Me alejé con pisadas firmes, aunque dentro de mi hubiera un mar de dudas, enlaces sueltos, cosas sin resolver. Fuerte, fuerte, fuerte.. no era fuerte, aunque lo pensase.
Volví sobre mis pasos y volví a coger el cuchillo. Era largo y afilado. Lo deslicé por unos de mis dedos, haciendo que pequeñas gotas de sangre recorrieran mis manos. 
Rechisté y balanceé el dedo varias veces hasta que me lo llevé a la comisura de los labios.
—No ha sido tan doloroso—Volví a cogerlo.
Era ingenua, no pensé que las heridas que mostraban  mi cuerpo también me acabarían matando.
Dibujos hacía en la encimera, como si mi dedo fuera un pincel. Tenía mucha habilidad para el dibujo y nunca había explotado mi potencial.
Giré la cabeza, tenía la misma sensación de antes, alguien había por ahí. Oía sus suspiros.
—¿Hay alguien?—Dije elevando un poco la voz, no tenía fuerzas.
No oí ninguna respuesta y supuse que sería fruto de mi imaginación. Sin darme cuenta observé el dibujo que había plasmado en los azulejos.
—Charlie.
Apoyé la cabeza en mis manos, me estaba obsesionando.
—No pasó nada, tengo que asimilarlo.
Pero, lo que había pasado ayer.. 
—No..—me restregué la nariz—no pasó nada.
La gente decía que era de locos hablar sola, pero yo decía que era decir tus pensamientos en alto, siempre reconocí que no tenía voz interior.
Al ver que la herida del dedo se estaba cerrando volví a coger el cuchillo. Un corte profundo y listo, adiós vida. Con más ganas que antes, pasé el filo por mi muñeca, no llegué a producirme un corte alarmante, aún no estaba convencida de ello.
—Mamá no hubiera querido esto..—No hubiera querido esto, no hubiera permitido que me hiciera eso mi padre, ni que acabara con mi vida de esta forma. 
—Pero mamá no está—Empuñé el cuchillo con todos los dedos y me hice un corte en la muñeca del brazo contrario con la que sujetaba el cubierto, luego me dispuse hacer lo mismo con la otra.
No llegué a pensar en lo que suponía este acto, tampoco llegué a pensar si acabaría con esto tan fácilmente. Sentía como la sangre discurría por mis manos. Caí apoyando las rodillas en el suelo, gritando alaridos de dolor. 
Por mi cabeza pasaron más flashes de mi vida, buenos, malos, se decía que siempre que estás apunto de morir ves tu vida, como si fuera una película. La mía trascurría a cara lenta, pude observar momentos cuando era pequeña, como mi madre me quería y abrazaba. Luego fueron primeras amistades, que la mayoría no habían tenido éxito. Hasta en estos momentos, que me veía en la cocina de mi casa rodeada por un charco de sangre.
Infinidades de preguntas pasaron por mi cabeza, ¿tan mal estaba para hacer esto? ¿este sería el final de una historia? ¿qué pensaría la gente? Demasiadas preguntas, poco tiempo disponía para responderlas.

martes, 3 de abril de 2012

~Capítulo ocho.

Aún nuestros labios no se habían unido, y seguíamos ahí, uno delante de otro, compartiendo el mismo aire, a centímetros para que una parte de nosotros se convirtiera en uno. Cada vez más nerviosa y a la vez feliz. Pasaba mi mano por su pelo, él con los ojos cerrados, esperando a que yo diera ese paso. Cuando por fin me armé de valor agarré fuerte las sábanas y me incliné.. faltó muy poco, demasiado, pero el chasquido del cerrojo fue el colmo. Ambos nos miramos, y él se dio la vuelta, observando como su amigo poco a poco se iba quitando la ropa.
—Vete—Me dijo en un susurro.
Apenas pude reaccionar ya que seguía en estado de sock. Seguía parada, delante suya, observando como su amigo en segundos apenas tenía prendas puestas. Dos, tres segundos más hasta que se movió bruscamente.
—Alice, debes irte, ya solucionaré yo esto.
Le miré parpadeando y vi que por la puerta no podría, di un vistazo rápido por la habitación, y por mucho que buscase solo divisé una pequeña ventana.
—¡Corre joder corre!
Vi como él chico se acercaba bruscamente a nosotros, salí sin coger mis cosas, abrí la ventana como pude y vi que no había mucha altura. Volví la vista hacia atrás viendo como sostenía Charlie a aquel chaval. Salté intentando no hacerme daño, pero parte de mi ropa se rasgó con la ventana. Mucha gente me vio saltar, y empezaron a cuchichear, yo avergonzada, caminé aunque no tuviera ningún destino. Miraba por todos lados, tenía la sensación de que alguien me seguía.
—Eh chavala, ¿te hace en ese rincón?
Ignoré un par de comentarios, y seguí mirando al frente. No sabía el estado en el que estaba, si por ese chico o lo que podía haber pasado con Charlie. Parecía que ambos queríamos, pero ninguno dio el paso. ¿Y si él no quería? Volvía a cometer el error de siempre, hacerme ilusiones. Di varias patadas a las piedras del camino, hasta que sin darme cuenta ya estaba en mi barrio. La gente me miraba con desprecio. Él agujero de la camiseta era más grande de lo que pensaba, y algo de sangre se asomaba, pero estaba bastante absorbida para pensar en eso ahora. Di varios golpes con los nudillos en la puerta, algo dentro de mi ardía de rabia, uno, dos tres golpes, hasta que llegué hacerme sangre en ellos.
—Llegas tarde.
Su expresión no fue agradable, pero no me resultaba nuevo. Pasé sin decir nada y caminé un poco despistada. Un fuerte tirón del brazo me hizo volver atrás.
—He dicho que llegas tarde.
Respiré y cerré los ojos.
—Lo siento, no he visto la hora.—Dije pidiendo disculpas.
—Normal, no llevas reloj.
Me miré la muñeca, ahora lo recordaba, me lo había dejado allí. Achiqué los ojos y respiré.
—Lo siento también.
—No, Alice, no quiero disculpas.
—¿Y que quieres?
Me soltó el brazo, me había dejado la marca de sus dedos, aunque no sería la única señal que había dejado en mi cuerpo.
—Quiero que me cuentes la verdad, ¿que has hecho? ¿dónde has estado?
Me miró de arriba abajo y su expresión cambio, vi que se mordió el labio inferior mientras esbozaba una sonrisa.
—He.. he.—Empecé a tartamudear, apenas podía respirar del miedo que recorría por mi cuerpo.—He estado con Charlie.
Dos segundos, hasta que me mostró una sonrisa más amplia.
—¿Con ese chico de calle?
Se acercaba cada vez más a mi, mientras se iba quitando la chaqueta del traje que llevaba.
—Sí.. con él.—Con cada palabra me empezaban a fallar las piernas.
—Y qué.
Ladeé la cabeza hacia un lado, no entendí bien lo que dijo.
—¿Te gusta?
—¿Gustarme?—Solté con una risa fingida.—Por favor papá, sabes que voy a estar con William..
No, no, no, no. Decía y negaba en mi cabeza una y otra vez, no entendía que pasaba. Se quitaba la corbata, mientras poco a poco desabrochaba uno por uno los botones de su camisa.
—Ya.. William, y dime, ¿que vienes de hacer?
Sinceramente no había hecho nada, y me llegué a plantear que nunca lo haría.
—Hablar.
—¿Solo?
-—Solo.—confirmé.
Vi como poco a poco se quitaba el cinturón. Estábamos en el vestíbulo, y parecía que no había nadie más en casa, ni un alma recorría los rincones de este infierno.
—Pues a lo mejor yo quiero que ocurra algo más.
—¿Al..al..algo más? ¿Con Charlie?
Dentro de mi sabía que no debía hacer esa pregunta, pero no pude evitarlo. Cada vez se acercó más a mi, y pude notar su aliento en mi nuca. Me temblaban las manos, y sudaba sin poder controlarlo.
—No.. quiero que lo hagas conmigo.
—Hubiera preferido un disparo en la frente.-Dije en un susurro.
Pensé que no lo había oído, pero no estuve muy segura cuando de sus labios volvieron a salir palabras.
—Pues puedes ir buscando una pistola.
Me cogió de la cadera, agarrando parte de mi cuerpo, por muy pocas opciones que tuviera una fue defenderme, que se fue inutil. Al principio no estaba muy segura de sus intenciones, pero me quedaron bastante claras cuando un susurro vino a mis oídos.
—Ya que no está tú madre, alguien me tendrá que dar lo que quiero.
Vi como me acariciaba, a mi producía escalofríos y más que alguna arcada. Dos, tres segundos hasta que vi que me intentaba quitar el pantalón, giré la cabeza y vi que podía coger las escaleras, y encerrarme en algún lado. Apreté fuerte las manos y me libere de sus brazos mientras corría con pocas fuerzas. Notaba que parte de mi fallaba, portazos daba por la casa, metiéndome en habitaciones que nunca había pisado. Oía sus pisadas, ligeras pero precisas. Me encerré en una habitación, miré a los alrededores, había estanterías, sofás y alguna que otra televisión, no me sonaba. Resoplé, todavía no conocía ni mi propia casa. Eché el pestillo en la puerta y me quedé sentada enfrente de ella.
—Alice, sé que estás por ahí.— Se oía de fondo sus susurros, pasé mis manos por mi cara con la esperanza que no entrara aquí.
—Alice, te estoy llamando.
Mis pulmones se llenaban de aire más rápido que nunca, por mi cuerpo recorría angustia y miedo.
—Sabes que te voy a encontrar, cariño.
Empecé a temblar, veía su sombra por la rendija de la puerta, y apreciar sus pisadas, cada vez estaba más cerca. Se paró enfrente de la puerta, y intentó hacer girar el picaporte. La cerradura se lo impidió, pero solo fueron unos minutos, ya que vi como la forzaba y chasqueaba, dejándome tirada en el suelo con mi padre mirándome.